El Viaje a Malí toca a su fin. Esta noche a las 3.35 de la mañana salimos rumbo a Casablanca y de ahí tras esperar 4 horas en el aeropuerto cogemos el avión a Madrid. A Madrid llegamos a las 14.35 hora española así que llegaremos matados. La verdad es que el tiempo pasa volando cuando uno está a gusto y de buena gana nos quedábamos otros 20 días más. Miedo nos da pensar en la vorágine de cosas que nos va a absorver cuando lleguemos a Cantabria, y más si tenemos en cuenta que nos hemos contagiado del ritmo africano.
En mi caso, para los que os interese, me quedo en Madrid el jueves para emprender el viernes viaje a Castellón, por lo que no volveré a la tierruca hasta el lunes por la tarde.
A muchos de vosotros ya os contaré en persona, aunque es tanto lo vivido que a este paso tengo que montar una presentación y hacerlo con todos a la vez porque sino no voy a dar basto. Ha sido un viaje de sensaciones y de sentidos: de ver, de oír, de oler y de tocar. Y no todo nos ha dejado buenas sensaciones. Esto es África.
Hay un dicho popular Malí que dice que todo el que viene, vuelve. Yo tengo claro que, aunque no se cuando, volveré.































































































